Del arte de reflejar la realidad: Antonio López

Fue en el año 1993 cuando se produjo la primera retrospectiva de Antonio López. Yo apenas tenía 13 años cuando El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía albergó aquella muestra, la recuerdo vagamente, puede deberse a que en esa fecha todavía no se había despertado en mí esa pasión por el arte… pero un pequeño trabajo para el colegio me llamó la atención por la obra de ese pintor quasi fotógrafo, que plasmaba la Gran Vía y a la vez representaba a su hija cuando era pequeña…
Hoy casi 20 años después me enfrento a Antonio López desde otra visión, ya siendo Historiadora del Arte, se aprecia de otra manera las grandes obras, pero no es la Universidad la que me ha acercado a Antonio López ( en realidad no estudié su obra en toda la carrera!!!), sino esa atracción, que a partir de ese trabajo estudiantil se despertó en mí, unido a mi ansia de conocimiento.
Nos enfrentamos a esta exposición como continuación por tanto de aquella gran retrospectiva, sus temas siguen siendo los mismos, pero el tiempo los ha ido enriqueciendo, unido esto al ansia de perfeccionismo que el artista tiene (trabaja una y otra vez en sus obras, hasta que las considera acabadas….) El propósito de la exposición es mostrar al público las obras más recientes, algunas fechadas en 2011, y a partir de ella reinterpretar la carrera anterior del artista, por las salas veremos azoteas, neveras flores, figuras humanas, un sinfín de temas reinterpretados una y otra vez pero pasados por el tamiz de la edad y la sabiduría.
La primera parte de la exposición explora los grandes temas de la creación de Antonio López en las últimas décadas, señalando una por un lado la continuidad, pero también el contraste con la etapa anterior a 1990. Los temas son fundamentalmente tres: la ciudad, el árbol y la figura humana, que se corresponden a través con tres técnicas y vehículos artísticos: la pintura, el dibujo y la escultura. La segunda parte de la exposición viene a ser una mirada retrospectiva hacia la carrera de Antonio López, presentando su evolución desde sus orígenes hasta su primera madurez. El acento descansa en la figura humana, que en otro tiempo dominó la pintura de nuestro artista.
Muchas de las obras que se reúnen en esta exposición proceden de colecciones particulares, en su mayor parte españolas y, entre ellas, la del propio artista con un buen número de obras inéditas, algunas en proceso de trabajo; pero también hay préstamos de museos como el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, el Bellas Artes de Bilbao, el Centre Georges Pompidou de París, el Hamburger Kunsthalle de Hamburgo o el Museum of Fine Arts de Boston, entre otros.

Tras la presentación de la exposición en Madrid, podrá verse en el Museo de Bellas Artes de Bilbao , del 10 de octubre de 2011 al 22 de enero de 2012

  1. MEMORIA
  2. ÁMBITOS
  3. MADRID
  4. GRAN VÍA
  5. ÁRBOL
  6. DESNUDO
  7. PERSONAJES
  8. INTERIORES
  9. ALIMENTOS
  10. PROYECTOS

MEMORIA
 

La primera impresión al entrar en la sala, puede chocarnos: Cuatro cabezas griegas podríamos creer que se trata de trabajos de formación del artista, pero no, son obras relativamente reciente, que nos recuerdan la gran importancia que la escultura clásica ha tenido en su formación. Nos sumergimos posteriormente en sus dos paisajes preferidos, su querido Tomelloso y Madrid. Nos muestra dos azoteas Carmencita jugando (1959-1960) y Terraza de Lucio (1962-1990) dos ambientes opuestos la ciudad y el campo, pero reflejando en ambos la serenidad y quietud de su pintura.

AMBITOS

Antonio López es un pintor-escultor de su entorno, de su familia, su mujer, su hija, sus nietos, aparecen a lo largo de su carrera. Nos adentramos en esta sala con dos bustos de Antonio y Mari como situados en el centro de su espacio, rodeado de objetos cotidianos:: el aparador, la nevera, las ventanas.Podemos encontrar quizás un recuerdo a los bustos relicarios (sin esta connotación) del Renacimiento de los Países Bajos o el Carlos V (hacia 1520) en el Museo Nacional Colegio de San Gregorio.

   

Respecto a la ventana, ha sido un objeto siempre presente en la Historia del Arte: Muchacha mirando por la ventana de Dalí, o las enigmáticas ventanas de Magritte…

MADRID

Madrid es un tema constante en su obra. Nos plasma una ciudad como congelada en el instante, pendiente de cual va a ser la siguiente pincelada del artista. Las vistas de Madrid son obras de largo proceso, suele ejecutarlas al aire libre, dependiendo de la luz natural y sus variaciones. Para captar una cierta luz, tiene que trabajar a cierta hora, durante cierto tiempo cada día y durante sólo unas semanas al año. El pasado año durante el caluroso mes de agosto podíamos disfrutar de la presencia de Antonio López en las calles de Madrid a partir de las 7 de la tarde pintando en la Gran Vía lo que llamó la atención de muchos curiosos.
Cada vista de Madrid ha crecido a través de muchas interrupciones: dejar el trabajo y reanudarlo más tarde es, como dice Antonio, “una gimnasia de años muy unida al carácter de mi pintura”.La más fascinante visión de la ciudad es la más reciente, Madrid desde la torre de bomberos de Vallecas (1990-2006), donde la ciudad aparece como “una inmensa maqueta, como una escultura enorme, construida por todos los hombres.”

 

En los últimos años, Antonio ha vuelto con toda una serie de vistas de la Gran Vía que difieren de su cuadro ya clásico: pintadas desde un punto de vista elevado, con una perspectiva que ya no es rectilínea, sino curva, este rasgo, unido a la presencia del balcón o azotea donde trabaja el pintor, confiere a la visión un carácter vertiginoso.

ÁRBOLES

 

Otro de los grandes temas de la obra de Antonio López es el árbol, que desde La parra (1955) reaparece tantas veces en sus dibujos de membrilleros y otros frutales. El árbol es el reverso y el antídoto de la ciudad. Frente a los vastos paisajes urbanos, la intimidad del pequeño huerto. En contraste con la visión aérea y lejana, esta visión cercana, táctil, que palpa los contornos de las ramas, las hojas y las frutas.
Tras sus dibujos de interiores de los años sesenta, centrados en los planos de luz y sombra, hacia 1970, el artista regresa a un dibujo más tradicional, de puro contorno. En sus membrilleros, la sustancia material de las frutas, las hojas y las ramas se evapora, dejando sólo un residuo muy sutil, como una filigrana o una labor de encaje. El artista compara sus dibujos de árboles con mapas. Sus líneas forman una geografía fractal y laberíntica, un territorio de grietas y fisuras.

 

No podemos dejar de mencionar relacionada con esta obra el documental El Sol del Membrillo,  de Víctor Érice, Premio del Jurado en el Festival de Cannes en 1992. Este documental de 139 minutos de duración,  explora el proceso creativo del pintor durante la época de maduración de los membrillos, que plasma con gran fidelidad en su obra. A lo largo del documental vemos la vida del artista, su rutina cotidiana, su afán de perfección, buscando esa maduración de los membrillos que va plasmando en el otoño de 1990, y que Erice tras la cámara, observa atentamente.

DESNUDO

 

Antonio López ha tenido desde siempre gran interés por la escultura, permitiéndole plasmar la figura humana, tema ampliamente repetido por el artista. Su más ambicioso proyecto escultórico es sin duda Hombre y mujer (1968-1994), dos figuras en las que trabajó a lo largo de veintiséis años, con largas interrupciones y cambios de rumbo. Hombre y mujer nació de una preocupación por el canon de las proporciones humanas, pero el crecimiento de la figura del hombre terminó imponiendo una abismal desproporción entre la figura masculina y la femenina. A partir del proceso creativo de este conjunto tuvo lugar una exposición en MNCARS en 2001.
Junto a esta obra, en nuestra sala tenemos dos de sus últimas creaciones escultóricas: el horizontal y grave Hombre tumbado (2011), y la ascendente y leve Figura de mujer. Eva (2010).

PERSONAJES

La primera sala de la segunda parte de la exposición se inicia en 1953, con cuadros de rasgos italianizantes. En esta época muy temprana emerge ya un tema tan central como el de la pareja humana, plasmado en una serie de dobles retratos pictóricos (de sus abuelos, sus padres, etc). Un rincón de la segunda sala está consagrado a la presencia de Mari, la esposa del artista.

ALIMENTOS

 

la representación de alimentos, así como el momento de la comida, son también frecuentes en la obra del artista. Así destacamos obras como La Cena (1971-180), o el Conejo desollado (1972), que nos recuerda a la tradición española del bodegón, aunque aquí desnudo de cualquier ornamento.

PROYECTOS

El último espacio de la exposición se centra en dos series de creaciones recientes: la dedicada a las flores y la de cabecitas de sus nietos, series que introducen un Antonio López íntimo y nos permiten asomarnos al mundo de su taller. A este período pertenecen las esculturas de Cabezas de niña que se encuentran en la zona de llegadas de la Estación del Ave en Madrid, a las que no se hace alusión en la exposición. Estas obras fueron encargadas por el Ministerio de Fomento en 2002 y se instalaron en el 2008. Se titulan  “Día” y “Noche” y son bustos de bronce de tres metros de alto por tres de ancho. El modelo era su nieta  Carmen, que entonces contaba solo seis meses de edad. La niña despierta y la niña dormida representan para el autor el Día y la Noche, el paso del tiempo acompañado por el paso de los trenes. Fueron fundidas en bronce a partir de moldes de escayola, e instaladas sobre sendas peanas, cada escultura pesa más de dos mil kilos.

 

Todas las obras expuestas en el Museo Thyssen Bornemisza, han sido aseguradas mediante la Garantía del Estado. En este enlace se pueden consultar todas las obras http://www.boe.es/boe/dias/2011/04/14/pdfs/BOE-A-2011-6766.pdf

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